EL TESORO

Soy un peruano, vivo en el barrio más pobre de la ciudad y trabajo como guía de los que buscan tesoros de la antigua cultura inca. Es un trabajo muy peligroso, ya que hay que adentrarse en la selva de noche. Os contaré mi historia.

En Semana Santa hay un día que es especial, fascinante. En la selva hay tumbas incas colectivas e individuales y ese día es como si la tierra se ablandara y de las tumbas salen los fuegos fatuos. Esto no sería interesante si los incas no hubieran enterrado a los muertos con sus posesiones, pero en algunas tumbas hay auténticos tesoros.

El año pasado, unos arqueólogos franceses reclamaron mi ayuda como guía experto. Nos armamos de palas, linternas y fusiles y partimos a las siete de la tarde con dirección a la selva. Llegamos al lugar elegido sobre las once de la noche. No veíamos nada hasta que, cuando ya nos íbamos, surgió delante de nosotros un gran fuego fatuo que señalaba una necrópolis.


Hicimos noche allí y de día empezamos a excavar. Encontraron un collar de oro y plata y varias pulseras. Decidimos seguir profundizando y encontramos un templo hundido que parecía de oro. Nos adentramos en él, pero hubo un derrumbamiento y nos quedamos en su interior. Durante días recorrimos sus pasadizos hasta que llegamos a una salida en una gruta. Estábamos en medio de la selva virgen. Cargamos nuestras armas y nos dirigimos hacia el poblado más cercano, desde donde nos trasladaron de vuelta a la ciudad.

Los arqueólogos volvieron a Francia y se hicieron famosos. Sin embargo, yo sigo estando en la misma situación que antes, salvo que ahora poseo unos animales que compré con las pulseras y el collar.

Antiguo alumno, 2º E.S.O.

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