EL VAGABUNDO FELIZ

Eran fechas de Navidad. El suelo estaba nevado. Caminaba un vagabundo tapado con sus harapos, buscaba en los contenedores algo para comer.

Mientras buscaba, observaba a la gente saliendo de las tiendas repleta de paquetes. Siguió buscando y al final encontró algo de comida y una caja dorada que le llamo la atención. Con lo que había encontrdo se fue caminando hacía su morada, que no era otra que un banco en el bonito parque de la ciudad.

Este lugar, en realidad era habitualmente su casa, al lado había un pino grande y frondoso que le servía de techo. Estaba feliz y contento por haber encontrado algo de comida y una hermosa caja. Siguió caminando hasta llegar a su morada.
Se sentó en su banco cubierto de periódicos y decidió abrir la caja. ¡Qué sorpresa! Eran unas bolas para decorar el árbol de Navidad. Las había de varios colores: rojas, verdes y azules. Al verlas pensó: "Adornaré mi pino".



Y cuando las colgó le sorprendió y sonrió por su belleza.

Se acostó a dormir en su banco abrigándose con hojas de periódico. Se durmió plácidamente y se despertó al oír voces, pero allí no había nadie. Se volvió a tumbar en su banco y siguió oyendo voces, las cuales no le dejaron conciliar el sueño y se sentó. Observó que las voces procedían del pino. "¡Son las bolas las que hablan!", pensó.

- ¿Sois vosotras las que habláis? - preguntó.
- Sí, somos nosotras. Te vamos a contar una historia: Hemos recorrido todos los países del mundo, y venimos muy tristes. Hemos visto que algunos países, viven las Navidades muy felices y con muchos regalos. Sin embargo, en otros no tienen para comer, pero más pena nos dieron los países que además de no tener para comer sufren guerras.

El vagabundo al escuchar el relato de las bolas, les preguntó:
- ¿Por qué vosotras sabéis tanto?
- Porque tenemos unos poderes especiales y somos mágicas.
- ¿Por qué estabais en un contenedor?
- Porque quisimos estar allí. Sabíamos que a la persona que nos encontrara le haríamos muy feliz.

Al escuchar esto el vagabundo pensó: "Yo creía que era el hombre mas infeliz de la Tierra". Pero habiendo escuchado lo que las bolas le habían contado, este les dijo:
- ¿Sabéis? No soy tan infeliz, hay gente mucho más infeliz que yo, y que está soportando crueldades como el hambre y la guerra.

Las bolas sonrieron.

El vagabundo dirigiéndose a sus queridas amigas les dijo:
- Sospecho que estas Navidades serán las más felices de mi vida.

(Beatriz Espinosa San Miguel - 5º A)

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