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Vivió
de modo esporádico en la ex Cartuja de El Paular, en la celda
del
archivero de dicha Cartuja; nació en Madrid el 9 de abril de
1878
y en Madrid murió el 27 de mayo de 1929. En 1917, cuando Enrique
de Mesa frisaba los 39 años y llevaba publicada tan sólo
l
Mesa entronca con los versificadores castellanos de los siglos XVI y XVII, que en la contemplación de la naturaleza y en el costumbrismo encontraron los motivos de su inspiración. Como Antonio Machado -a cuya diestra tiene Mesa un puesto inmediato en la lírica contemporánea-, nuestro poeta descubre en las perspectivas y tipos de la vieja Castilla toda la recia y magnífica belleza que atesoran las fragosidades serranas y las infinitas lontananzas de la ibérica meseta central, pobladas unas y otras por hombres y mujeres excelsamente percibidos y cantados en los siglos medios por Juan Ruíz, «arcipreste de Hita» y el Marqués de Santillana. Enrique de Mesa actualmente mentor del Centro Escolar de Rascafría fue un poeta de cuerpo entero. Muy joven todavía, sintió una decidida inclinación por el cultivo de las musas. Su producción literaria más temprana aparece en 1905, a sus 27 años de edad. La tituló: El retrato de Don Quijote, fino ensayo de crítica teatral, actividad a la que dedicó su última época. A partir de 1916, Enrique de Mesa se entregó por completo a la divulgación literaria en continuadas conferencias pronunciadas desde la cátedra del Ateneo de Madrid. Se dedicó igualmente a estudios de investigación histórico-poética, en un amplio y documentado ensayo sobre la poesía y los poetas en la corte de don Juan II. Como poeta, Enrique de Mesa se estrena en 1906, con su poema Tierra y alma, una serie corta de impresiones de la sierra del Guadarrama: De tierra castellana, por adusto encinar, Más
adelante, pulido ya su estilo de impecable prosista y dando prueba de
un
clasicismo incomparable, publica, en 1911, el Cancionero castellano,
uno
de cuyos poemas: Sin caballero, del grupo «del hogar de Don
Quijote»,
figura entre las mil mejores poesías de la lengua castellana. De
esta sección son estas «serranillas»:
Corazón, vete a la sierra; En
1916 logró Enrique de Mesa el premio Fastenrath, de la Academia
Española, con silencio de la Cartuja, verdadero dechado de
pureza
estilística, en el que el valle, los diálogos serranos y
las meditaciones del Claustro forman una antología incomparable.
Allá, en el fondo, la llanura vieja: Su
último libro de poesías, aparecido en los primeros meses
de 1929, poco antes de su prematura muerte , lo tituló : "La
posada
y el camino". En él, Mesa alcanza su plena madurez
poética.
Su precioso «poema del hijo» se ha incorporado por derecho propio a las mil mejores poesías de la lengua castellana. Buena muestra de su calidad literaria es el soneto titulado Serenidad: Aquí, a la sombra de los pinos viejos, No
cabe duda: la poesía de Enrique de Mesa y Rosales es sencilla,
clara,
pura. Va enraizada en la sierra de Guadarrama, con sus puertos,
aldehuelas
y pueblecitos serranos. Desde que en aquel memorable 6 de septiembre de
1902, a sus 24 años, Mesa llega a El Paular y recibe el bautismo
de guadarramía, la montaña carpetana fue para él
venero
de poética inspiración. Muchos han sido los escritores
que
han mendigado inspiración al Guadarrama; pero de todos ellos, el
que con más cariño se ha consagrado a cantar la Sierra,
es,
sin duda, Enrique de Mesa, «el poeta de la Sierra».
Tomado de: Ildefonso Mª. Gómez |
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