OBRAS
DE TEATRO PARA
EL FESTIVAL DE
NAVIDAD
La pastora mentirosa 
Ángel Bego: ¡Venga, vamos!
Ángel Carlota: ¿A dónde tenemos que ir?
Ángel Bego:
Somos ángeles y tenemos el encargo de dar
la noticia del nacimiento del niño Jesús a todo el mundo. Los primeros que se
deben enterar son los pastores.
Ángel Carlota: Vale. Seguro que están muy aburridos.
Ángel Bego:
Mientras no hagan lo que la pastora
mentirosa.
Ángel Carlota: La pastora ¿qué?
Ángel Bego:
Mentirosa. Os voy a contar la historia. Erase una vez una muchacha que vivía con su familia en un
valle rodeado de montañas. Su papá ya era anciano y ella tuvo que cuidar el
rebaño de ovejas.
Pastora Sara: Estoy contenta. Mi padre me considera capaz de llevar a cabo esta tarea. Voy a coger comida, ropa de abrigo y la flauta para tocarla cuando me aburra.
Pastor Manuel: No es tan fácil. Ten mucho cuidado con el lobo.
Pastora Sofía: Si te encuentras con él grita ¡lobo, lobo, lobo!
Pastora Sarita: Nosotros, los vecinos, acudiremos.
Pastores Tamara, Víctor,
Andrea, Alba, Alicia: Eso, nosotros
acudiremos lo más rápido posible.
Ángel Bego:
Durante las primeras semanas la muchacha
se lo pasó muy bien. Vigilaba las ovejas mientras pastaban y andaban por las
montañas. Lanzaba piedras, miraba las nubes y tocaba la flauta.
Pastora Sara: Al principio me lo pasaba muy bien, pero ahora me siento sola y aburrida. Me canso de cuidar las ovejas y de tocar la flauta. ¡Tengo una idea!.
Ángel Bego:
Fue corriendo a la cima de la montaña y
gritó…
Pastora Sara: ¡Lobo, lobo, lobo!
Pastor Manuel: La pastora está en peligro.
Pastora Sofía: Hay que ayudarla.
Pastores Sarita,
Tamara, Victor, Andrea, Alba, Alicia: Subamos corriendo. Hay que ayudar. Corramos.
Pastora Sara: Bienvenidos. Me alegro de que hayáis subido a verme.
Pastora Sarita:
¿Y el lobo?
Pastora Sara: Sólo quiero charlar con vosotros.
Pastores Sarita, Tamara, Victor, Andrea, Alba, Alicia, Manuel: ¡Menudo susto!
Pastora Alicia: No debes engañarnos.
Pastora Alba: Nos vamos, tenemos trabajo en el pueblo.
Ángel Bego:
A los vecinos no les gustó mucho la idea
de la pastora, pero la perdonaron.
El problema es que se aburrió una vez, otra vez, otra vez… Y siempre
para charlar gritaba…
Pastora Sara: ¡Lobo, lobo, lobo!
Ángel Bego:
Los vecinos subían a la montaña y bajaban
enfadados. Pero un día llegó un lobo de verdad. Mientras la muchacha estaba
vigilando a las ovejas, lo vio salir de entre los árboles y acercarse despacio.
Pastora Sara: ¡Lobo, lobo, lobo! ¡Corred, por favor!
Pastor Manuel: Otra mentira.
Pastora Sofía: Yo no voy.
Los demás pastores: Nosotros tampoco. Estamos cansados.
Ángel Bego:
El lobo se comió dos ovejas y la pastora
tuvo que dar explicaciones a su padre.
Pastora Sara: No volveré a mentir. Si no dices siempre la
verdad nadie creerá lo que digas.

Los duendes y las zapateras 
Ángel Bego: Bueno, ya estamos en el pueblo.
Ángel Carlota: ¡Qué de tiendas hay en esta calle!
Ángel Andrea: Hay muchas tiendas.
Ángel Bego:
¡Andá! ¿Sabéis
la historia de esta zapatería?
Ángel Carlota: No. Tiene unos zapatos muy bonitos.
Ángel Bego:
No siempre fue así. Un zapatero muy pobre
dejó a sus hijas la zapatería.
Zapatera Eyla:
Fíjate que de gente pasa y nadie entra.
Zapatera Lucía: Es normal, sólo tenemos un par de zapatos
viejos en el escaparate.
Zapatera Eyla:
El problema es que no hay dinero para
comprar los materiales necesarios para hacerlos.
Zapatera Lucía: Bueno. Queda un poco de cuero. Vamos a hacer
un par nuevo de zapatos.
Zapatera Eyla:
Vale. Pero, tienen que ser preciosos. La
gente que pasa por aquí tiene dinero y no compra cualquier cosa.
Ángel Bego:
Alisaron el cuero, enhebraron una aguja
afilada con hilo fuerte y lo pusieron todo en la mesa de trabajo.
Zapatera Lucía: Se está haciendo de noche. No podemos gastar
más en luz.
Zapatera Eyla:
Vale. Dejémoslo para mañana. Lo
haremos mejor a plena luz del día.
Ángel Bego:
Subieron a su casa, cenaron la poca
comida que les quedaba y se fueron a dormir. Sabían que si al día siguiente no
vendían los zapatos, no tendrían nada para comer. Mientras tanto, abajo, en el
taller, había dos pequeños visitantes.
Duende Marta: ¡Qué frío! ¡Vaya, cuero e hilo!
Duende Patricia:
Muy bien. Comencemos. Me encanta hacer zapatos. ¡Qué frío!
Duende Marta: Cortemos el cuero con mucho cuidado.
Duende Patricia: Cosamos todo bien para que no se rompan.
Duendes Marta y Patricia: ¡Terminados, preciosos, nos vamos!
Ángel Bego:
Al día siguiente, las zapateras se
levantaron pronto y bajaron a la tienda cuando el sol comenzaba a entrar por la
ventana.
Zapatera Lucía: ¿No te dije que no trabajaras por la noche?
Zapatera Eyla:
Esto es increíble. Yo no los he hecho,
pensé que habías sido tú.
Ricardo: Buenos días.
Zapateras Eyla y Lucía: Buenos días.
Ricardo: Estoy admirando estos zapatos tan bonitos.
¿Son de buen material?
Zapatera Eyla:
Por supuesto. Del mejor cuero.
Ricardo: Me gustan. ¿Puedo probarlos, por favor?
Zapatera Lucía: ¡Por supuesto, faltaría más!
Ricardo: Me quedan bien. Me gustan. Me los llevo.
Zapatera Eyla:
¡Qué de dinero!
Zapatera Lucía: Podremos comprar comida y más cuero para hacer otro par de zapatos.
Ángel Bego:
Las zapateras así lo hicieron.
Zapatera Eyla:
Esta vez vamos a hacer un par de zapatos para una dama.
Zapatera Lucía: Lo dejamos todo preparado y mañana manos a
la obra.
Ángel Bego:
Alisaron el cuero, enhebraron una aguja
afilada con hilo fuerte y lo pusieron todo en la mesa de trabajo. Los duendes
visitantes volvieron a aparecer.
Duende Marta: ¡Qué frío! ¡Vaya, cuero e hilo! Esta vez
zapatos de señora.
Duende Patricia: Muy bien. Comencemos. Me encanta hacer
zapatos. ¡Qué frío!
Duende Marta: Cortemos el cuero con mucho cuidado.
Duende Patricia: Cosamos todo bien para que no se rompan.
Duendes Marta y Patricia: ¡Terminados, preciosos, nos vamos!
Ángel Bego:
Al día siguiente la sorpresa fue
mayúscula. ¡Otra vez estaban hechos los zapatos!
Carmen: Buenos días.
Zapatera Lucía: Buenos días. ¿Qué desea?
Carmen: Me gustan esos zapatos del escaparate.
¿Puedo probármelos?
Zapatera Eyla: Sí, por favor.
Carmen: Me gustan. Me los llevo.
Zapatera Lucía: Nos ha pagado un buen precio por los zapatos.
Zapatera Eyla:
Ahora tenemos dinero para comprar comida
y cuero para dos pares de zapatos.
Ángel Bego:
Así lo hicieron. Se propusieron hacer dos pares de zapatos de niño. Compraron
cuero e hilo. Lo dejaron todo preparado encima de la mesa de trabajo hasta el
día siguiente. Los duendes por la noche volvieron.
Duende Marta:
¡Qué frío! ¡Vaya, cuero e hilo! Esta vez dos pares de zapatos de niño.
Duende Patricia:
Muy bien. Comencemos. Me encanta hacer zapatos. ¡Qué frío!
Duende Marta: Cortemos el cuero con mucho cuidado.
Duende Patricia: Cosamos todo bien para que no se rompan.
Duendes Marta y Patricia:
¡Terminados, preciosos, nos vamos!
Ángel Bego:
A la mañana siguiente las zapateras
volvieron a encontrarse los zapatos hechos.
Zapatera Eyla: ¿Quién hará los zapatos?
Zapatera Lucía: ¿Quién nos estará ayudando?
Zapatera Eyla:
Esta noche nos escondemos y lo
averiguamos.
Zapatera Lucía: Vale. Nos meteremos en ese armario.
Ana: Mamá, me gustan esos zapatos.
María: Seguro que son cómodos.
Mari Sol: Voy a ver si tengo bastante dinero en la
cartera. Vale, entremos. Hay que probarlos antes de comprarlos. Buenos días.
Zapatera Eyla:
Buenos días, ¿qué desea?
Mari Sol: Querría, por favor, que mis hijas se
probaran esos zapatos.
Zapatera Lucía: Ahora mismo.
Ana: Me gustan.
María: Son cómodos.
Mari Sol: Me los llevo. Por hoy ya no os compro nada
más.
Zapatera Lucía: Tenemos dinero para hacer cuatro pares de zapatos.
Zapatera Eyla:
Sí, lo dejaremos todo preparado y nos
esconderemos en el armario.
Zapatera Lucía:
Esta noche averiguaremos quien nos ayuda.
Ángel Bego: Los duendes volvieron. Hicieron los cuatro pares de zapatos. Las zapateras pensaban como se lo podrían agradecer.
Zapatera Eyla:
¿Qué te parece si les hacemos ropa de
abrigo?
Zapatera Lucía: Muy bien. Así ya no volverán a tener frío.
Ángel Bego:
Se pusieron a trabajar. En ese momento entró una familia a la zapatería.
Ricardo: Buenos días. Venimos a comprarnos zapatos.
Carmen: Buenos días. Queremos zapatos para nosotros y nuestros hijos.
Bárbara: ¡Qué bien, mañana estreno zapatos!
Alba: ¡Qué bonitos son!
Ricardo: ¿Podemos probarlos?
Zapatera Lucía: Por supuesto. Ahora mismo.
Carmen: Mirad que sean cómodos. Los que llevé la
otra vez me dieron un resultado fabuloso.
Ricardo: Así es. Hemos recomendado esta zapatería a
nuestros amigos.
Alba y Bárbara: Nos gustan mucho.
Ricardo: Nos los llevamos.
Zapatera Eyla:
Los duendes nos han ayudado mucho.
Zapatera Lucía: Espero que les guste la ropa.
Ángel Bego:
Por la noche, los duendes en vez de
encontrarse cuero e hilo, se encontraron ropa de abrigo.
Duende Marta:
¡Qué bien, ya no pasaremos frío!
Duende Patricia: Les dejaremos a las zapateras los dibujos de
los zapatos para que puedan seguir trabajando.
Duendes Marta y Patricia: Nos vamos a ayudar a otros zapateros.
Ángel Bego: Los duendes se fueron. Las zapateras, con los dibujos, volvieron a hacer muchos zapatos que vendían en su bonita tienda.

La joroba del camello 
Ángel Carlota: ¿Qué son esos bichos que van con los Reyes Magos?
Ángel Andrea: Camellos.
Ángel Bego:
Muy bien, son camellos. Ayudan a los Reyes Magos a llevar a los niños los
regalos.
Ángel Carlota: ¿Cómo se llama lo que tienen en la espalda?, ¿para que sirve?.
Ángel Andrea: Joroba.
Ángel Carlota: Maleducada.
Ángel Bego:
No, lo ha dicho bien, se llama así. ¿Queréis que os cuente la historia de
por qué el camello tiene joroba?
Ángeles Andrea y Carlota: Vale.
Ángel Bego:
Cuando el mundo era nuevo había muchas cosas que hacer, todos los animales
tenían que trabajar mucho. Todos, menos el camello.
Camello: ¡Bah!
Ángel Bego: Un día pasó por allí el caballo.
Caballo: Camello, ven con nosotros a trabajar. Hay muchas cosas que hacer.
Camello: ¡Bah!
Caballo: El camello no
quiere trabajar. Sólo dice ¡Bah!
Ángel Bego:
Luego, pasó por allí el perro.
Perro: Camello, ven con nosotros a trabajar. Hay muchas cosas que hacer.
Camello: ¡Bah!
Perro: El camello no quiere trabajar. Sólo dice ¡Bah!
Ángel Bego: Luego, pasó por allí el buey.
Buey: Camello, ven con nosotros a trabajar. Hay muchas cosas que hacer.
Camello: ¡Bah!
Buey: El camello no quiere trabajar. Sólo dice ¡Bah!
Ángel Bego:
El problema era que como había muchas cosas que hacer, si el camello no
trabajaba, los otros animales tenían que trabajar más. Se reunieron el caballo,
el perro y el buey.
Caballo: ¡No hay derecho!
Perro: Además de
nuestro trabajo tenemos que hacer el del camello.
Buey: Esto no puede
seguir así.
Camello: ¡Bah!
Caballo: Vamos a llamar al genio de todos los desiertos.
Perro: Sí, el sabrá lo
que tenemos que hacer.
Buey: ¡Genioooo!
Caballo, buey, perro: ¡Genioooo!
Genio: Ya estoy aquí.
¿Qué sucede que estáis tan enfadados?
Buey: Genio de todos
los desiertos, ¿es justo que alguien no trabaje cuando el mundo es tan nuevo y
hay tantas cosas que hacer?
Genio: ¡Desde luego que
no!
Caballo: Hay un animal
con el cuello y las patas muy largas que no trabaja nunca. Sólo dice ¡Bah!
Genio: Ese debe ser el
camello.
Perro: No quiere cargar nada.
Buey: No quiere arar.
Genio: ¿Hace algo?
Caballo, perro, buey: Sólo dice ¡Bah!
Ángel Bego:
El genio buscó al camello y lo encontró. Debía hablar con él. No era justo
que el caballo, el perro y el buey tuvieran que hacer su trabajo.
Genio: ¿Es verdad que
no quieres trabajar cuando el mundo es tan nuevo y hay tantas cosas que hacer?
Camello: ¡Bah!
Genio: Como tú te
niegas a trabajar, el caballo, el perro y el buey tienen que trabajar el doble.
Tienen que hacer todo el trabajo.
Camello: ¡Bah!
Genio: No deberías
repetir esa palabra. Si la dices una vez más, podrías arrepentirte.
Camello: ¡Bah!
Ángel Bego:
De repente el lomo del camello comenzó a hincharse. Se le formó una gran
joroba.
Genio: Esa joroba te ha
salido por no trabajar. Ahora vas a trabajar.
Camello: ¿Cómo? No lo
entiendo.
Genio: Has perdido tres
días de trabajo. Trabajarás sin parar durante tres días seguidos. Como puedes
vivir de tu joroba, no comerás ni beberás nada.
Camello: Como llevo la
despensa a cuestas tendré que trabajar mucho. Creo que nunca más volveré a
decir ¡Bah!
Ángel Bego:
Ahora ya sabéis por qué el camello tiene joroba. Como el viaje de los Reyes
es largo, es el mejor animal para llevar los regalos. ¿Qué hacéis para que los
Reyes Magos sepan lo que queréis?
Ángel Carlota: Los niños escriben cartas.

Wences:
Los Reyes Magos de Oriente
se sorprendieron ¡ Pardiez!
al abrir
aquellas cartas
y ver lo que les pedían
los niños
del 2003.
Bárbara:
Este
año, Rey Melchor
sé
muy bien lo que te pido.
quisiera
que mi mamá
juegue
muchas veces conmigo.
Javi:
Yo
quiero que mi papá
me
lleve a jugar al parque
y
que me cuente otra vez
esas
historias de Marte.
Alicia:
Melchor,
me siento muy rara,
estoy
sola y aburrida,
y
quisiera que me echaras
por
lo menos muchas amigas.
Joel:
se
rían y estén contentos,
pues
a veces se pelean,
y
eso es lo que yo más siento.
Ángel:
Reyes
Magos os voy a rogar,
un
juguete para cada niño,
porque
así los camellos
no
tendrán que trabajar.
Victor:
Quisiera
que mis papas
me
contaran algún cuento
dicen
que eso del trabajo
no
les deja mucho tiempo.
Esteban:
llevaremos
los regalos,
pues
sabemos lo que quieren
tener los niños entre manos.
BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA:
"El arte de contar cuentos a los niños" Rebecca Isbell. Shirley c. Raines. Ed. Oniro.