
1. INTRODUCCIÓN Góngora
y Argote, Luis de (1561-1627), poeta español, cima de la elegancia de la poesía
barroca y modelo de poetas posteriores.
2. VIDA
Nació en Córdoba en el seno de una ilustre familia y estudió en la Universidad de
Salamanca. Recibió órdenes religiosas y en su juventud ya era bastante famoso puesto que
Cervantes habla de él cuando Góngora sólo tiene 24 años. Obtuvo un cargo eclesiástico
de poca importancia pero que le permitió viajar por España con frecuencia y frecuentar
la Corte en Madrid. Se establece en esta ciudad y consigue que Felipe III le nombre su
capellán. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni la
religión ni el amor, pese a algunas aventuras juveniles, ocupan un lugar importante en su
vida o en su poesía. Parece que le domina un solo sentimiento, el de la belleza, pues el
amor y la naturaleza, asuntos de los que trató con perfecto dominio, más que
sentimientos en él aparecen como pretextos para la creación poética. Al final de su
vida, agobiado por la deudas, se traslada a Córdoba, donde muere.
3. PERSONALIDAD
CREADORA
Góngora tuvo en vida defensores apasionados y críticos implacables. El carácter
mismo de su poesía haría que esta división de opiniones continuara después de su
muerte y llegara aún a nuestros días. Los dos enemigos de más valer que tuvo fueron
Quevedo y Lope de Vega, aunque contó con famosos partidarios como el conde de
Villamediana o los humanistas Pedro de Valencia y fray Hortensio de Paravicino.
El motivo de esta división
radical de posturas reside en el carácter innovador de la poesía de Góngora, cabeza del
estilo literario conocido por culteranismo, un término que poseyó en su origen carácter
burlesco, formado a partir de la palabra culto y que, de hecho, supone la fase final de la
evolución de la poesía renacentista española, instaurada por Garcilaso de la Vega. Sin
embargo, a pesar de su gran ornamentación verbal, y de la utilización de palabras
comunes en una acepción latina, la crítica considera que el culteranismo es una
manifestación peculiar del conceptismo la escuela literaria que supuestamente se le
oponía. En realidad, y desde el punto de vista de la ideación, Góngora piensa
mediante conceptos, aunque su escritura, realizada con recursos lingüísticos como los
mencionados, y en ocasiones una difícil erudición, logra grados de elevación lírica y
de complicación, a veces casi inalcanzables.
4. OBRA
Hasta hace poco la historia literaria separaba la obra poética de Góngora en dos
mitades claramente diferenciadas. Por un lado, las letrillas de inspiración popular y los
romances: moriscos, amorosos, pastoriles y caballerescos. De otro, su obra cultista
iniciada en 1610 con la Oda a la toma de Larache, y continuada con el incremento constante
de la oscuridad estilística en la fábula de Polifemo y Galatea (1613), las Soledades
(1613) y el Panegírico al duque de Lerma (1617). Equidistante entre ambos aspectos, se
podrían situar sus numerosos sonetos y canciones de estilo clásico, en los que no se
advierte tanto el cultismo.
Para el Góngora de la primera
manera, la crítica, desde la de sus coetáneos, sólo tuvo elogios. Incluso en los
momentos de mayor antigongorismo nadie puso en duda la belleza de letrillas como Las
flores del romero, Lloraba la niña, No son todo ruiseñores
ni de los romances: En los pinares del rey, Amarrado al duro
banco, Servía en Orán al rey, entre otros. Otra vena poética que
domina en Góngora es la burlesca, como demuestran Ande yo caliente,
Ahora que estoy despacio o Murmuraban los rocines. Para algunos es
el autor de los más bellos sonetos que se han compuesto en lengua castellana.
4.1. Fábula de
Polifemo y Galatea y Soledades
Escrita en octavas reales, la fábula de Polifemo y Galatea (1613) es la recreación
más perfecta de una fábula mitológica (véase Polifemo; Galatea) en la poesía
española. Al narrar el viejo tema pasión del cíclope Polifemo por la ninfa
Galatea, idilio de ésta con el joven Acis, venganza del gigante Góngora crea una
obra de brillante hermosura descriptiva, de construcción acabada, donde el arte del
contraste y de lo hiperbólico queda sometido a formas rigurosas.
Las Soledades (1613) es una obra de mayor aliento y de plan más madurado. Góngora
proyectaba cantar las soledades de los campos, de las riberas, de las selvas y de los
yermos. Sólo compuso la primera y parte de la segunda, que constituyen un poema
pictórico, panorámico, rico en color y matices. Escrito en silvas, y todavía discutido
hoy, constituye una de las cumbres de la lírica de todos los tiempos.
5. INFLUENCIAS
POSTERIORES
El Góngora del Polifemo y las Soledades fue muy mal entendido por la crítica. Su
estilo suscitó inmediatamente la oposición. El humanista Francisco Calcals (1564-1642)
cuando leyó las Soledades afirmó que el príncipe de la luz refiriéndose al poeta
de las letrillas se había mutado en el príncipe de las tinieblas. Una actitud que
se prolongaría hasta finales del siglo XIX, cuando algunos simbolistas franceses, en
especial Verlaine, y los poetas modernistas de habla española, inician la valoración del
gongorismo. Una valoración que culmina en 1927, año del centenario de su muerte, cuando
una nueva generación de poetas españoles, Jorge Guillén, Pedro Salinas, García Lorca,
Alberti, le aclaman como a uno de sus maestros, y Dámaso Alonso, poeta también, publica
su edición crítica de las Soledades, a la que siguen algunos estudios definitivos para
la comprensión de Góngora. Véase también Generación del 27.