ÁGUILA IMPERIAL

Datos específicos 

Características

Actividad diaria y caza

Reproducción

 

 

 

 

  

 

 ÁGUILA IMPERIAL

( Aquila heliaca )

  Clase: Aves

Orden: Falconiformes

Familia: Accipítridos

 Longitud: 79-84 centímetros

Ala plegada:570-665

Envergadura: 190-210

Peso: 2,5-3,5 kilos

Alimentación: mamíferos de tamaño pequeño

y mediano; aves (patos, zancudas, urracas, etc.);

reptiles y carroña.

Puesta: 1-3 huevos.

Incubaciones: 43 días

 

Adulto: Águila con cola bastante mas corta y cuadrada que el águila Real, con cinco a siete franjas grises que forman un barreado. Cera y patas amarillas.

 

Inmaduro: Varía de pardo amarillento a pardo rojizo uniforme. El plumaje de la cola es mas oscuro y tiene manchas pálidas muy visibles en el centro del ala.

 

Pollo: Cubierto de plumón blanco.

 

 

CARACTERÍSTICAS DEL ÁGUILA IMPERIAL

  El águila imperial (aquila heliaca) está considerada como una de las aves con mayor peligro de desaparecer de nuestro planeta.

            El águila imperial es un ave grande y magnífica, pues alcanza un peso superior a los 3 kilos y tiene más de 2 metros de envergadura. Su aspecto robusto, su cola corta, y su plumaje son inconfundibles: su color es pardo negruzco en los adultos, con el cuello y parte posterior de la cabeza blanco sucio o amarillento. Las plumas de los hombros, las escapulares, son de blanco puro, así como el borde anterior del ala, que forma una llamativa franja blanca cuando se observa al águila en vuelo. Su plumaje se camufla perfectamente sobre el fondo del follaje, e incluso las plumas blancas y amarillentas del cuello y la cabeza desaparecen confundidas entre el claroscuro de la maleza. El fuerte pico, negro hacia la base, es, paradójicamente, una de las partes más visibles del águila cuando ésta permanece incubando sobre el nido, moviéndose pausadamente cuando el águila gira la cabeza para vigilar los alrededores. Las patas son fuertes, de uñas relativamente cortas pero muy poderosas, y tienen un color amarillo carne. Su iris es de color castaño, dotando al águila de una mirada profunda.  

                                                                                             El plumaje de los jóvenes resulta completamente distinto; en los primeros años es de color pardo rojizo uniforme, que se va aclarando con la edad hasta convertirse en ocre muy claro. A los tres años comienzan a aparecer las típicas plumas oscuras de los adultos, dándole al joven águila un aspecto desaseado y abigarrado (entremudada).

 Progresivamente, las plumas oscuras van dominando y aparecen las blancas escapulares y del borde anterior del ala. Entre los cinco y seis años de edad el águila imperial luce ya el soberbio plumaje de las aves adultas.

            El águila imperial es un típico habitante de zonas llanas o suavemente onduladas, con arbolado no muy denso y abundancia de claros y pastizales adecuados a su técnica de caza.  Sin embargo, para que las imperiales puedan vivir en una comarca son necesarias no sólo zonas bravías y difícilmente accesibles donde nidificar, sino también terrenos abiertos y con abundantes presas donde poder cazar.

             El águila imperial vive hoy formando dos poblaciones aisladas, una en España (en las marismas del Guadalquivir, Sierra Morena, los montes de Toledo y las serranías extremeñas) y otra  en Europa Oriental y Asia (Grecia, Rusia Meridional y el sur de Asia Central y Síberia, incluso Mongolia). La población española (aquila heliaca adalberti) se diferencia de la de Europa y Asia en que los adultos tienen los hombros de llamativo color blanco.

 

LA ACTIVIDAD DIARIA Y LA CAZA DEL ÁGUILA IMPERIAL

 El amanecer sorprende siempre a las águilas posadas en la copa de algún árbol dominante, o sobre el nido si es época de nidificación. Todavía al amanecer, las águilas dedican un buen rato a peinarse el plumaje, y durante esta operación mantienen el ojo cuidadosamente protegido por la membrana nictitante para evitar cualquier roce que pudiera lastimarlo. Cuando aparece el sol, las águilas emprenden el vuelo y en amplios círculos comienzan a recorrer su territorio. Sobrevuelan a bastante altura, atentas a cualquier movimiento que pueda delatar a sus presuntas presas. Esta hora de la mañana es la más propicia para la caza, porque abundan las liebres y conejos comiendo las jugosas hiervas y también las aves son más activas por la mañana.

             Cuando el águila escoge su próxima presa protagoniza una de las escenas más espectaculares de caza, sobre todo, la que emplea para capturar gansos: intervienen los dos componentes de la pareja, perfectamente sincronizados, de manera que mientras una de las águilas pica oblicuamente sobre la banda de gansos para asustarlos, la otra, en la salida de un picado, ataca de abajo a arriba, agarrando una presa distraída por el otro atacante.    

  Otra técnica predadora es la caza al acecho, en la que el águila observa desde una rama o describiendo círculos en el aire, a los conejos, y de ahí se lanza directamente sobre la presa en un picado oblicuo. Si el terreno está cubierto por matorrales, el águila interrumpe el picado a intervalos frenando unos instantes antes de abatirse sobre su presa; estas pausas hacen más difícil la sorpresa y disminuyen las posibilidades de éxito, pero evitan que el águila pueda estropear su plumaje, lo que resultaría fatal, pues moriría irremisiblemente de hambre si sus facultades resultaran disminuidas.

 

 Sin embargo, la caza no siempre es fácil, se puede calcular que sólo uno de cada diez o veinte intentos acaba fructíferamente. Estas técnicas de caza suelen ser empleadas principalmente por las mañanas, hasta las 11 y por las tardes, a partir de las 17 horas. Si por la mañana no han tenido éxito en su cacería, las águilas permanecen generalmente posadas durante el mediodía sobre un árbol o una roca, vigilando los alrededores mientras reposan. 

             La alimentación del águila imperial consiste fundamentalmente en conejos o liebres, aunque la dieta es completada por otro buen número de especies como las liebres, patos, fochas, urracas y grajillas; y con menos frecuencia, lagartos y culebras, garzas y flamencos, palomas y urracas, restos de carroña e incluso algún pez.

   

REPRODUCCIÓN

              El periodo reproductivo del águila imperial comienza tras el frío de febrero, cuando se escucha su ronco grito sobre los alcornocales de las sierras y los encinares de las anchas dehesas. Cumpliendo su rito, las parejas se entregan a los vuelos nupciales, acometiéndose en espeluznantes picados y dibujando sobre el cielo tornos y piruetas. Las dos aves vuelan juntas durante horas, emitiendo penetrantes llamadas, que se escuchan durante toda la época de nidificación y crianza de los pollos y que consisten en un corto y plañidero kiao, kiao que podría confundirse con el graznido de un cuervo o con un ronco ladrido. Tras los prolongados vuelos, la hembra se posa sobre una rama, una roca o el mismo nido, y el macho la sigue, consumándose entonces la cópula entre gritos y fuertes aleteos.

             A principios de febrero la pareja comienza a reparar algún nido viejo de los que se encuentran en su territorio o se decide a construir uno nuevo. Eligen una rama prominente, desde donde puedan dominar los alrededores, y acumulan palos secos y ramitas que transporta con el pico o las garras desde las zonas próximas. Unos quince días más tarde el nido queda terminado, una voluminosa estructura cuyo tamaño depende del tiempo que haya sido utilizado. Los nidos nuevos apenas tienen más de un metro de diámetro y medio metro de espesor, pero los que han sido utilizados año tras año pueden llegar a alcanzar más de dos metros de diámetro y casi otro tanto de espesor. Esta costumbre de construir nidos tan grandes en ramas delgadas, que apenas pueden soportar su peso puede ser negativa, pero ha sido provocada por la presión humana sobre los nidos de esta especie, de manera que los construyen en ramas altas, que no puedan ser alcanzadas por el hombre. Una vez terminada la construcción del nido, las águilas lo tapizan con ramas verdes que arrancan de algún árbol próximo o del mismo que sirve de emplazamiento para el nido.

             Sobre la fresca cama la hembra pone, generalmente a finales de febrero, de uno a tres huevos, excepcionalmente cuatro, con un intervalo de dos o tres días. Los huevos del águila imperial son de colorido variable, desde blanco uniforme hasta ocráceo, pero lo más frecuente es encontrar huevos profusamente manchados de pardo sobre fondo blanco. Su tamaño también es muy diferente y varía incluso en una misma puesta, pero en general, las medidas son de 73 por 57 mm. La incubación comienza una vez puesto el primer huevo, pero si ponen tres o cuatro, tras el segundo. Los primeros pollos nacen casi simultáneamente, mientras que los últimos lo hacen siempre con dos, tres o más días de diferencia. Este retardo determina que los pollos pequeños no sobrevivan en la gran mayoría de los casos, pues son incapaces de competir en igualdad por el alimento, se van debilitando y acaban por morir a los pocos días, marginados involuntariamente por los adultos, que sólo ceban a las cabezas que más se alzan. Muchas veces ocurre que los pollos son agresivos y se picotean enfurecidos. Esto no tiene importancia sin son de fuerza semejante, pero los pollos más débiles son picoteados continuamente y acaban por morir debido a las heridas o ala privación de alimento.

             La incubación, en la que el macho colabora activamente, relevando a la hembra durante largos períodos, dura unos 43 días, al cabo de los cuales los pollitos acaban por cortar el cascarón con el diamante del pico, lo que suele ocurrir durante las primeras semanas de abril. Esta operación es muy laboriosa y dura unas 48 horas, de modo que dos días antes de la eclosión ya se escucha con claridad el piar del pollo dentro del huevo. Al fin, aparece un pequeño agujero por el que se observa la punta del pico del pollito, que trabaja incansablemente hasta conseguir libertarse, cortando el cascarón en dos mitades casi perfectas. Los aguiluchos nacen recubiertos de un denso plumón blanco que les da un aspecto algodonoso, y apenas alcanzan los 80 gramos de peso. Desde el primer momento abren los ojos, pero apenas tienen fuerza para levantar la cabeza  y pasan durmiendo la mayor parte del tiempo. La hembra los cobija con cuidado y con el pico les ofrece pequeños pedazos de carne que mantiene ante ellos pacientemente hasta que acaban por ingerirlos.

             Mientras los pollos son pequeños la hembra permanece cobijándolos y es el macho el encargado de cazar para ellos. Pero tan pronto como pueden permanecer solos en el nido sin peligro, ambos adultos colaboran en la captura de presas. También el macho participa en la ceba de los pollos en el caso de los nidos con dos cría. Los aguiluchos crecen con bastante rapidez y al mes de edad alcanzan ya un peso superior al kilo.  A esta edad pasan la mayor parte del tiempo tumbados en el nido, desperezándose, contemplando los alrededores y picoteando las presas aportadas por los adultos. Normalmente, cuando uno de los pollos se encuentra erguido, el otro permanece tumbado, estableciéndose una jerarquía beneficiosa para evitar rencillas. A los dos meses, los aguiluchos están completamente emplumados, pesan unos dos kilos y medio y desarrollan sus músculos aleteando y elevándose sobre el nido y atacan imaginarias presas ejercitando sus reflejos. Los adultos les visitan ya con menos frecuencia y disminuye la cantidad de presas que les llevan. Sin embargo, acuden a resguardarlos de la lluvia y les siguen ofreciendo pedazos de carne con el pico.  Por fin, uno de los pollos, el más hambriento o con más confianza en sí mismo, se arriesga a dar el gran salto, y con un corto aleteo cae sobre la copa de un árbol próximo. De día en día los jóvenes aprenden a dominar las técnicas del vuelo hasta desenvolverse con absoluta seguridad. Los adultos colaboran obligando al los jóvenes a perseguirles antes de entregarles las presas. De esta manera los aguiluchos van aprendiendo a cazar por sí mismos, y un día, abandonarán el territorio de sus padres para vivir en el suyo propio.

             La caza ilegal, la deforestación, la utilización de plaguicidas y la destrucción de nidos hacen que no queden demasiadas esperanzas sobre el futuro de las águilas imperiales, una de las aves más magníficas del mundo y una obra maestra de la evolución animal.

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