Colegio Rural Agrupado: C.R.A. “LACIANA”

ALUMNOS PARTICIPANTES

LUCÍA

ÁLVAREZ

CADENAS

DARÍO

ÁLVAREZ

FERNÁNDEZ

SAÚL

ÁLVAREZ

GARCÍA

DANIEL

BALBOA

CUESTA

MARTA

BLANCO

ÁLVAREZ

HÉCTOR

FERNÁNDEZ

CHACÓN

ARTURO

GARCÍA

GONZÁLEZ

SAMUEL

GUTIÉRREZ

AMOR

ESTEFANÍA

MANTECA

QUINTANS

ARÁN

HURTADO

VAQUERO

 

TÍTULO:

“EN BUSCA DEL FÓSIL PERDIDO”  

PROFESORES COORDINADORES:

D. Roberto Alba López

D. Fidel Alfonso Álvarez Álvarez

Dª. Ana Isabel Ferreras Gutiérrez

Dª. Rosario González Bardón

D.  Rodrigo González Magadán

D. Amaro Muñiz Parrondo

Colegio Rural Agrupado: C.R.A. “LACIANA”

VILLAGER DE LACIANA

LEÓN

http://centros2.pntic.mec.es/cra.de.villager.de.laciana

En un hermoso día de primavera, unos niños de Robles, Rioscuro y Villager, se preparaban desde bien temprano para ir de excursión con el colegio. Esperaban pasar una jornada divertida con sus compañeros y llena de experiencias nuevas, pero no adivinaban el descubrimiento que se les avecinaba.

         Tras un corto y entretenido trayecto, llegaron a Cueva, pueblo de la comarca de Babia, situada al noroeste de la provincia de León.

         Comenzaron a explorar el lugar, y pese a las advertencias de su profesor de que no se alejasen ni se expusieran a ningún peligro, Dani observó como unas huellas de cría de oso salían y entraban de una oquedad que se abría entre las rocas.

- ¡Mirad!, esas huellas son de un esbardu como dicen por aquí. Las conozco perfectamente.

 

 

Después de considerar sobre si deberían entrar o regresar y decírselo a los demás, optaron por adentrarse en ella. Arturo y Samuel que eran los más decididos, fueron los primeros en hacerlo.

         - ¡Vamos!, a estas alturas del año ya no pueden estar hibernando.

         Fueron avanzando y Darío sacó de su mochila una linterna que le había dejado su padre que trabajaba en la mina.

         Se quedaron maravillados con la espectacular vista que se presentaba ante sus ojos. Sobre todo Marta, que nunca antes había visto nada parecido.

         - ¡Fijaos!, son estalactitas como las que vienen en el libro de Cono.

         Cuando ya estaban a punto de dar por concluida la visita, Saúl tropezó con algo que le hizo caer. Se levantó y fue a ver qué era.

         - Por poco dejó aquí los dientes. Pero, ¿qué es esto?. Parece como si fuese un hueso.

         Arán, que hace poco tiempo había roto la muñeca, y había visto muchas radiografías en el hospital de Ponferrada, se acercó para dar su opinión.

- Déjame ver. Parece un fémur, aunque es algo más curvo y grueso que los que yo he visto.

 

         Allí mismo encontraron restos de dos familias de neandertales que llevaban collares puestos. Eran collares de fósiles.

         A Lucía le empezó a entrar un miedo terrible.

         - Creo que deberíamos irnos ya. Esto no me gusta nada. El otro día vi una peli en la que…

         - Espera un poco, este descubrimiento podría darnos el premio Nobel -contestó Fani.

         Uno de los collares tenía un fósil que era el diente de un tiburón. En los demás collares encontraron más partes del cuerpo del tiburón y cuando empezaron a armarlo, se dieron cuenta de que le faltaba la aleta dorsal.

         Todos quedaron muy extrañados, especialmente Héctor, que iba mucho con su padre a pescar.

- ¡Qué raro!, en el río Sil no he visto ninguno de éstos, pero estoy seguro de que aquí le falta una aleta.

         Cuando regresaron a casa, fueron corriendo a contárselo a un chico del pueblo que estudiaba Arqueología y al que llamaban Laciana Jones.

         Él les contó la siguiente historia que le había contado su abuelo.

- Hace muchísimos años había un pueblo cubierto de agua que se llamaba Sinmar, pero fue secándose poco a poco y se murieron todos los animales que en él vivían, convirtiéndose en fósiles.

 

         Al poco tiempo, a Laciana lo avisaron unos amigos y se fue como voluntario cuando se enteró que había ocurrido una tragedia ecológica en Galicia. Un petrolero se había hundido e iba a causar un grave impacto a los animales y plantas de toda la zona, incluido el hombre.

         No quería ni pensar que algo parecido pudiera suceder en el valle donde vivía y que recientemente había sido declarado por la UNESCO, reserva de la biosfera.

         Pero antes de partir les prometió que les traería un regalo.

         Metido ya en las faenas de limpieza, encontró multitud de animales muertos y como petrificados, rodeados de una espesa capa negra.

 

         Muy cerca del lugar donde naufragó el enorme barco, encontró enterrado un tiburón.

- Pobrecito, seguro que buscaba algo de comida y pensó que el color negro era la tinta de un calamar.

Al intentar sacarlo a la superficie se partió, quedándose en una mano con una aleta y en la otra con la cabeza.

 

        

Este hecho no le cayó en saco roto y pensó que todavía se podía aprovechar algo positivo de aquel monumental desastre para concienciar a los niños sobre lo que hay que intentar evitar.

Al volver dos meses después, contrastando con la tristeza y el cansancio que traía, le estaban esperando los niños muy ilusionados.

Empezó a explicarles cómo era el mar y todo lo que de diversión podía ofrecerles, puesto que ellos nunca habían estado en la costa. Pero continuó describiéndoles y mostrándoles fotografías de cómo estaba quedando. Casi trescientos kilómetros estaban contaminados de fuel.

- Lo que los romanos habían llamado, sin saberlo, Finisterre, iba a convertirse en realidad en el fin de la tierra.

El orgullo de los habitantes de la zona se había transformado en una enorme marea negra.

 

Y mientras los responsables de una y otra parte pasaban el tiempo en demostrar quién había sido el culpable y en cifrar los millones de euros que se iban a perder, otras personas como Laciana Jones, se preocupaban de atender las pérdidas medio-ambientales.

Poco a poco fueron contagiándose de la misma pesadumbrez que él tenía, y consideró que ya era hora de entregarles el regalo que les había traído.

- Bueno ya está bien de penas, os voy a dar lo que os había prometido.

- Eso, eso - contestaron todos.

- Aquí está, espero que os guste.

Era la aleta que le faltaba al tiburón que habían encontrado y que ahora estaba en el museo de Sierra Pambley.

 

Aunque les hizo mucha ilusión, no les causó la alegría que esperaba. Se habían dado cuenta que a este paso, lo que había sido la consecuencia natural de miles de años, se había producido en apenas unas horas. Y además, degradándose de tal forma que imposibilitaría la regeneración de las especies. Estaban abocados a ver los peces en fotografías o museos.

Pero Jones les tenía preparada una última sorpresa. Los invitó a participar en el concurso de la Fundación Ecomar para que tuvieran la oportunidad de conocer de una forma educativa todo lo relacionado con el mar, su cultura y su medio ambiente.

 

Ahora sí que se pusieron contentos y se fueron todos juntos a recoger fósiles cerca de las montañas de la zona, para poder crear una historia como ésta que les diera la posibilidad de viajar y conocer otro entorno distinto al que vivían.

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