Se trata de una experiencia francamente interesante y que además, surgió por casualidad. Un breve relato nos puede dar idea de cómo se hizo y el potencial que encierra.
El curso pasado, el 26 de mayo, y en una salida por
el entorno recogimos de un arroyo los siguientes materiales:
Un poco barro del fondo
Pulgas de agua (Daphnia
pulex)
Algas
y, por supuesto, agua.
Repartimos el material en dos botellas de plástico
grandes (1,5 l de capacidad). Cerramos ambas herméticamente y las
colocamos en dos situaciones distintas:
Una encerrada en un cajón
La otra allá donde le daba luz abundante.
Seguimos la evolución de ambas durante un mes y observamos lo
que esperábamos, la vida desaparecía de la que estaba en
oscuridad mientras que en la otra las pulgas de agua se mantenían,
proliferaban, aparecían algas pardas sobre las paredes.....
Bien, aquello nos permitió estudiar los elementos
básicos del ecosistema y también establecer las relaciones
que se dan entre ellos.
Pasado ese periodo de tiempo dejamos ambas botellas
y al volver en septiembre, la botella que estaba en lugar iluminado seguía
tenaz mostrando signos vitales abundantes, incluso un pequeño coleóptero
semiacuático se paseaba por las paredes y alguna larva de efémera
que completó el ciclo y se convirtió en insecto adulto.
A partir de este momento hemos seguido observando
periódicamente nuestro microlaboratorio natural, contabilizando
el número de pulgas visibles, en qué condiciones estaban
más activas, las algas..., los procesos de condensación de
vapor de agua en las paredes internas de la botella.
Igualmente, los alumnos han buscado información
sobre los ciclos de la materia y la energía en los ecosistemas...
Al final, nuestra botella, para nosotros, es una
imagen de la Tierra, hay entrada de energía, la luminosa. Pero frente
a la materia es un sistema cerrado.
Igualmente, nos damos cuenta de la fragilidad de
nuestro planeta.
Nuestra botella ya ha cumplido un año, no
ha sido abierta en ningún momento, y sigue....
¡Ah! la botella que quedó encerrada tomó un aspecto turbio y el fondo se puso cenagoso y de color oscuro. Pero, sorpresa, la sacamos de su "tumba", la pusimos a la luz y en un mes aparecieron manchas de algas y ¡Pulgas!
Marzo del 2000: Esto sigue, casi son tres años y aunque las botellas muestran menor vigor, siguen viéndose pulgas de agua, aunque no tan numerosas. La experiencia nos sigue sirviendo para trabajar aspectos de los ecosistemas.